jueves, 11 de junio de 2015


Sábado 13 de junio. 20 horas.
Teatre Joventut de L'Hospitalet de Llobregat.


Estreno de mi obra:
"MONDIALE PELUQUERÍA.
La imagen es lo que importa".

Un año más, la compañía CHAMPAGNE nos anuncia dos horas de risas aseguradas, esta vez con la historia de una peluquería donde nada es lo que parece... ¿o sí?
¡TENDRÁS QUE VERLA!
Precio de las entradas: 6 euros.

martes, 2 de junio de 2015

A MI PADRE. In memoriam. * Seira (HU) 16 junio 1925 / + Zaragoza 26 mayo 2015

Al cumplirse una semana de la muerte de mi padre, en su memoria publico aquí unas páginas de mi libro "El viejo que me enseñó a pensar", en cuya portada permanecerá para siempre la fotografía de mi padre.


 –Querido Ari: Morir es inevitable. Desde el momento en que una vida nace está destinada a la muerte. Todo ser vivo ha de morir. Además, el ser humano no sólo muere, sino que sabe que ha de morir. Yo sé que he de morir. Y tú también. La conciencia de la muerte es, tal vez, nuestra diferencia más radical con cualquier otro ser vivo, lo que nos sitúa en la cima de la escala zoológica. Esta conciencia ha sido el incentivo que ha movido al ser humano, desde la noche de los tiempos, a buscar un sentido para su vida. Probablemente, la conciencia de la muerte está en el origen de la Filosofía y de la Religión. Incluso de la ciencia, porque la lucha por retrasar la inevitable muerte ha espoleado al hombre para investigar, inventar, descubrir... Pero, por mucho que la ciencia avance, todos tenemos que morir.

–Yo no quiero que usted se muera... Aún no.

–Perdóname si he sido un poco bruto, pero yo creo que hay que saber mirar a la muerte cara a cara. Y hacerlo sin miedo, sin espanto. Además, para los que tenemos fe, la muerte no es un punto final, sino tan sólo un punto y aparte. En este mundo vivimos a oscuras, de noche, ¡hay tantas cosas que no vemos claras, que no entendemos! Quienes creemos en la resurrección sabemos que la muerte, aunque misteriosa, será el final de esta noche en que vivimos. Creemos que, más allá de esta noche nos aguarda la claridad perfecta. ¿Es que no crees tú eso?

–Sí –respondí tímidamente.

–A menudo, rezamos a Dios pidiéndole una buena muerte. Mucha gente considera que alguien ha tenido una buena muerte cuando, por ejemplo, ha fallecido dormido y, por tanto, ni se ha enterado. Yo no pido eso para mí, yo quiero morirme sabiendo que me voy. Y, aunque nadie puede elegir su modo de morir, porque no sabemos ni el día ni la hora, Dios me ha concedido poder prepararme. Y poder despedirme de ti. Espero no haberme equivocado diciéndole al padre Germán que te trajera hasta aquí.

–No se ha equivocado. Me hubiera dolido más no poder despedirme. ¡Me hubiera enfadado!

–No olvides nunca que te has de morir –continuó–. Saberlo te ayudará a vivir más plenamente, con más sentido. Te ayudará a vivir el “Carpe diem”, ¿te acuerdas?

–Sí –sonreí.

–No quiero decir con esto que te pases la vida pensando en la muerte. No se trata de eso. No tienes que amargarte. Pero saber que hemos de morir puede ayudarnos a no dar excesiva importancia a cosas que no la tienen, a relativizar la mayoría de las cosas que nos ocurren porque, en general, todo tiene remedio. Todo… menos la muerte
Hubo una pausa. Tras ella, volvió a despeinarme el cabello con su mano temblorosa.

–No tienes que estar triste –me dijo–. ¿Tú me ves triste a mí?

–No.

–¿Qué más puedo pedir? Triste es cuando alguien muere inesperadamente, siendo aún joven. Triste es cuando una madre ve morir a su hijo, pero que un hijo vea morir a su madre entra dentro del orden natural. Claro que también entristece, porque la muerte es rotunda y definitiva, pero cuando alguien muere anciano es como si todo estuviera en orden, como si se cerrara un ciclo. Cuando se llega a mi edad, la muerte no es sino una etapa más del camino. Y no me asusta...


(Páginas 125-127)

miércoles, 27 de mayo de 2015

GRACIAS, PAPÁ

Tranquilidad.
Se ha posado el aire sobre la tarde;
ya no revolotea, ni silba,
ya no despierta su fría bofetada en la mejilla.
Es invierno en pleno mes de mayo.
Se ha posado el aire
como se ha posado la muerte
sobre el cuerpo de mi padre.
Ya no revolotea,
ni silba,
ni exhala aliento alguno.
Es tiempo de hibernar.
Al otro lado
me lo despertará la primavera.

GRACIAS, PAPÁ.


miércoles, 20 de mayo de 2015

CARTA ABIERTA A SOR LUCÍA CARAM

Hermana:

Quisiera comenzar aclarándole, en primer lugar, que no la conozco personalmente y que todo cuanto he sabido de usted ha sido a través de los medios de comunicación y de las redes sociales. También le aclararé que me considero católico, pero, aunque voy a criticarla, no pertenezco a ningún grupo ultraconservador y me siento muy a gusto con el aire que el papa Francisco está dando a la Iglesia; soy de los que antepone el Evangelio al Derecho Canónico. Como usted, me preocupo por la justicia social y procuro, en la medida de mis posibilidades, colaborar con entidades y acciones solidarias. Por eso, reconozco todo su esfuerzo por luchar contra la pobreza, un esfuerzo que no se ha contentado con la denuncia verbal, sino que se ha traducido en acciones solidarias concretas que tienen mi reconocimiento y, lo que es más importante, el de muchas personas.

Sin embargo, hay algunas de sus acciones que no entiendo y, si me permite decírselo, que no me parecen propias de una religiosa y, en especial, de una religiosa contemplativa, como es su caso. No sé si es a una “monja de clausura” a quien corresponde ocupar espacios televisivos de cocina o hacerse famosa por ser culé y twittear una y otra vez los partidos del Barça. Sinceramente, sin que ni una ni otra actividad me parezcan mal, no sé si son la misión de una religiosa contemplativa dentro de la Iglesia y de la sociedad.

Pero lo que me ha decidido a escribirle esta carta es el paso que usted ha dado hoy entrando en campaña electoral para apoyar a un partido concreto. Porque, diga lo que diga ahora, participar a cuatro días de unas elecciones en un acto con el líder de un partido y con su principal candidato, es entrar en campaña electoral, es hacerle el juego a ese partido. No pretenda hacerme creer que es usted tan tonta como para no haberse dado cuenta de ello. No me lo creo.

Me sorprende, además, el partido que usted ha apoyado, pues su furibundas críticas a la derecha política pueden hacer pensar a alguien que, si apoya a Convergència i Unió, es que no se trata de una coalición de derechas. Lo es, por más diferencias que usted quiera establecer con el Partido Popular. Es verdad que éste es españolista y aquélla catalanista (por simplificar la cuestión), pero sus recetas económicas (que es lo que importa en el combate contra la pobreza) son muy similares. Las “retallades” del Govern de su admirado Mas no tienen nada que envidiar a los recortes del Gobierno de Rajoy. Pregunte, si no, en cualquiera de los hospitales públicos de Cataluña. Y, en cuanto a la corrupción, ¡qué vamos a decir! No entraremos en detalles: todo el mundo conoce el momento que está atravesando el señor Pujol, que durante décadas fue el alma de Convergència. O baste recordar que su admirado Mas, del que ha dicho estar enamorada (ya entiendo que como una boutade más) figuraba como beneficiario de fondos evadidos en el extranjero (según noticia publicada por El Mundo en 2010).

Me cuesta, por tanto, aceptar la opción concreta que ha hecho por un determinado partido. Pero no la critico por ello, sino por el mero hecho de tomar partido. Es decir, la criticaría igualmente si hubiera optado por apoyar públicamente a otro partido. Creo que son otros los cristianos que deben dedicarse a ello, no alguien que ha hecho opción por la vida contemplativa.

Además, y esto es lo que me duele especialmente, con su gesto de hoy ha quebrantado usted (igual que hiciera Teresa Forcades) una costumbre que la Iglesia española se impuso a sí misma desde la misma transición: no dar su apoyo, no pedir el voto para ningún partido concreto. Creo que ésta es una de las cosas que nuestra jerarquía ha hecho medianamente bien en las últimas décadas. No se puede olvidar de dónde veníamos (la guerra civil y el franquismo) y está bien que la jerarquía eclesial aprenda de sus propios errores. Me dirá que usted no forma parte de la jerarquía de la Iglesia, lo que es cierto sensu stricto; pero no ignora que su condición y su hábito hacen que muchas personas la consideren una representante destacada de la Iglesia. Me duele, pues, que no haya respetado nuestra propia historia reciente y las decisiones que la Conferencia Episcopal española tomó en su día y ha mantenido.

Sé que no es usted el único caso de religiosa contemplativa entregada a la lucha electoral, a otro me he referido unas líneas arriba. ¿Por qué, entonces, le escribo a usted? Porque he admirado su labor social y la he seguido en twitter. Sin embargo, empezó a chirriarme el modo en que usted hablaba de algunas personas (porque, no lo olvide, los políticos son personas, hijos de Dios, como usted y como yo). Puedo entender la crítica dura si aporta algo; pero, ¿qué aporta, por ejemplo, afirmar que “Cristina Kirchner es una desequilibrada”? (Un tweet suyo del 31 de diciembre pasado). ¿No puede usted criticar las acciones (las políticas) intentando salvar a las personas, tal como hacía el Maestro?  El día que supe que había aparecido usted en el programa televisivo Sálvame empecé a creer que estaba sobrepasando los límites. Ya entonces le pregunté en un tweet si el fin justificaba los medios. No me respondió, claro. Lo comprendo; recibe usted tantos mensajes… Espero que sepa recibir mi carta desde el respeto desde el cual se la dirijo. No se preocupe, no espero respuesta. Hoy, antes de dejar de seguirla en Twitter, tan sólo le he twitteado: Adéu.