domingo, 16 de julio de 2017

VOLVER A CASA UN AÑO DESPUÉS. 16 de julio de 2017.


Volver a Melilla es volver a casa. Sólo estuve aquí una vez, 15 días hace un año y, no obstante, me siento en casa. La ciudad, sus calles, sus plazas y parques, es territorio conocido y los afectos se desbordan en un recibimiento que emociona tanto a quienes estamos de vuelta como a quienes llegan hasta aquí por primera vez. Ya en la estación marítima, uno de los nuevos me pregunta desde el vértigo de la emoción: Si esto es el principio, ¿cómo va a ser lo demás?

Reencontrarme aquí con alumnos que dejé en Barcelona hace un mes, en los pasillos de la selectividad, hallarlos a cientos de kilómetros en otro contexto y situación, descubrirlos satisfechos, felices, plenos, después de haber vivido la experiencia del primer turno del campo de trabajo, me emociona. Como me emocionan los besos y abrazos de los monitores de la casa que viven aquí todo el año. No quiero citar a ninguno, porque ninguno quiero que pueda sentirse herido de no aparecer en esta lista. Todos me recibieron como si nos conociéramos de toda la vida, como se recibe al hijo pródigo que marchó de casa por ciertas circunstancias y que ahora vuelve. Me siento en casa, sí, y ellos, los que aquí tienen su casa, los que aquí viven todo el año, son los artífices de esa sensación, a ellos se lo debo, porque son amigos entrañables, casi hermanos…

No estaba en mi intención escribir un diario este año. El pasado fue la novedad y ahora tengo la sensación de que podría escribir poco nuevo. Las que repiten del año pasado me lo demandan. Pero este año me propongo dar la voz a los demás: a los que viven aquí todo el año, a los jóvenes que han venido hasta aquí para entregarse (y que, una vez más, me demuestra qué injustos somos cuando generalizamos sobre los jóvenes), también a los destinatarios de nuestra misión, por qué no, a los niños e inmigrantes... No quiero volver a explicar la experiencia desde mi perspectiva, desde mi mirada, sino dejar que lo hagan los otros. Por eso me he propuesto (a ver si lo consigo) realizar cada día una entrevista de no más de cinco minutos con la intención de dar la palabra a los demás.

Porque estoy seguro de que todos tienen algo que decir; Melilla no deja indiferente.

Empieza la travesía…

1 comentario:

Albert Moliner dijo...

Gràcies Luis Ma. per compartir (de nou) la teva experiència melillenca. Endavant!!